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“No hay duda de que el motor es el corazón del avión, pero el piloto es el alma que lo gobierna”

04 ene AVIACION | 2 comments
“No hay duda de que el motor es el corazón del avión, pero el piloto es el alma que lo gobierna”

Los pilotos aviadores son de dos clases únicamente. Aquellos que llegaron a la profesión por casualidad y realizan su labor por obligación y aquellos que tienen pasión por volar y llevan en su sangre esa necesidad, así como necesitan comer, dormir o respirar.

Estos últimos, son aquellos que de niños su juguete preferido era un avión, y construían aeroplanos, coleccionaban imágenes sobre todo lo que tenía que ver con la aviación. Aquellos que cada vez que escuchaban una aeronave, levantaban la mirada buscando desesperadamente hacer contacto visual con la máquina y se perdían en su imaginación al igual que el avión se perdía entre las nubes.

Y crecen conociendo perfectamente que su vocación está arriba y consagran su vida a volar. Y disfrutan excesivamente hacerlo. Cuando en tierra y durante días soleados, observan continuamente el firmamento añorando estar allí. Durante días lluviosos y nublados, recrean los procedimientos de vuelo en sus mentes. El piloto sabe que el mejor simulador de vuelo está en él mismo, en su imaginación.

Sin embargo, un piloto aviador es un hombre disciplinado, lógico, de mente ágil y reflejos certeros, de otra manera se arriesga a perder la vida.

La oficina de un piloto es la cabina del avión. Los controles se vuelven una extensión de su persona, fusionando en una sola entidad hombre y máquina. Un piloto que ejerce por obligación, ata su cuerpo al arnés por su protección. El verdadero piloto usa el arnés para amarrar el avión a sus espaldas, junto con todas las vidas que en el viajan, para llevarlos a su destino sanos y salvos.

Y es que así, como las personas que lleva, el piloto siente a la máquina como un ser vivo, que respira y que tiene una personalidad. Conversan, discuten, se amistan, hombre y máquina. El piloto reconoce la forma exquisita de la aeronave. No puede evitarlo, vive cautivado por su belleza. El sonido de los pistones es una espléndida sinfonía, el sonido de un jet la síntesis de la fuerza.

No existen aviones peligrosos, sino mal pilotados.

El piloto aprende de orgullo y de humildad a la vez. Orgullo, porque se le ha otorgado el privilegio de vivir en el aire, en las nubes, en el cielo y presenciar desde ahí la perfecta creación de Dios y la pequeñez de los humanos. Humildad, porque se pone al servicio de su tripulación y de las personas que viajan con él, quienes han puesto en su persona, sus vidas.

Ser un piloto aviador, es mucho más allá de palabras técnicas o elementos físicos de vuelo, es una pasión que no puede explicarse con simples palabras…

 

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